Al 30% de la obra ya se sabía cuál iba a perder dinero.
Una constructora mexicana con obras de urbanización, edificación hotelera y obra civil en paralelo descubría que un proyecto iba a cerrar en pérdida cuando ya era tarde para corregirlo. La información para anticiparlo estaba en su sistema, pero repartida entre seis módulos que nadie leía juntos.
El reto
El deterioro se confirmaba cerca del cierre de obra, cuando el costo ya había rebasado lo vendido. A esas alturas solo queda absorber la pérdida; al 30% de avance todavía se puede renegociar un subcontrato o frenar gasto.
La regla que usaban —«el costo rebasó el precio de venta»— marcaba como enfermos proyectos que simplemente habían crecido con órdenes de cambio autorizadas.
Qué construimos
Primero, un mapa navegable de su sistema: de más de mil quinientas tablas a las veintiséis que importan, con las rutas de consulta documentadas.
Sobre eso, un modelo que lee únicamente la primera tercera parte de la ejecución y estima el riesgo de cierre en pérdida, más un tablero que no solo marca el riesgo: señala qué cuenta contable lo está causando.
Qué cambió
El método identificó correctamente los proyectos deteriorados de la cartera y, sobre todo, corrigió un falso positivo: una obra clasificada como perdedora que en realidad cerró con más de tres millones de pesos de utilidad.
En el proyecto de mayor riesgo, la alerta apuntó a una cuenta concreta que ya llevaba consumido el 58% de su presupuesto con apenas el 30% de avance.
+62%
de utilidad real en un proyecto que el criterio anterior daba por perdido. Una sola lectura equivocada de ese tipo puede desencadenar decisiones caras.